viernes, 6 de noviembre de 2009

Conclusiones del congreso

¿Qué miras?.

Declaraciones de los organizadores del congreso de Valencia referidas a aspectos básicos para un debate sobre infancia y medios de comunicación.

A) Aspectos básicos para una reflexión

Conocer y controlar las influencias de los Medios de Comunicación de Masas (MCM) sobre el conjunto de los miembros de la sociedad y sobre los niños en particular, son preocupaciones que se han generalizado entre las familias, los educadores, los científicos sociales y las autoridades públicas. Esas preocupaciones han crecido ininterrumpidamente en los últimos treinta años, coincidiendo con la progresiva penetración de la imagen y la palabra mediada en todos los ámbitos de la vida privada y pública: sobre todo, en el vehículo de la televisión familiar.

La inversión realizada para identificar y evaluar los efectos de los MCM, representa el mayor volumen presupuestario que se haya utilizado en ciencias sociales para investigar la formación y el cambio de las ideas, de las opiniones, de los valores sociales, de las relaciones sociales y de los comportamientos. Como consecuencia del saber acumulado en estos treinta años, sabemos algunas cosas que es necesario subrayar antes de cualquier propuesta que haga referencia al uso social de los MCM.

Los efectos de los MCM sobre los niños son de naturaleza diversa y se les encuentra a nivel de los procesos cognitivos, axiológicos, educativos de la socialización y de la interacción.

Los efectos son diferentes según cual sea la edad que tenga el niño. Hasta los cuatro años; entre los cuatro y los siete años; desde los siete a los nueve y entre los diez y los trece; y de los catorce a los dieciséis, se han contrastado procesos diferenciados de respuesta a los MCM.

Algunos efectos son positivos; por ejemplo, la ampliación de fuentes de datos sobre el mundo; otros negativos, por ejemplo la reducción del tiempo que los niños dedican a jugar con otros niños.

Sabemos que tanto en sus efectos positivos como negativos, los MCM raramente son la causa única, o la causa directa. Por eso, sería un error tratar de diseñar políticas de uso social de los medios y con mayor razón diseñar políticas aisladas de uso de los MCM audiovisuales. Lo correcto es integrar la intervención sobre los MCM audiovisuales, en un marco de políticas de enculturización; relacionando los efectos atribuibles a los MCM en los niños, con el influjo solidario o alternativo de la escuela, la familia, los otros niños.

Debemos de reconocer que esa dinámica tan compleja apenas resulta conocida, y que en aspectos tan cruciales como el tratamiento de la violencia o la difusión de los conocimientos escolares, entre otros muchos, no existe el menor acuerdo entre los investigadores sobre como actúan y que consecuencias derivan de la exposición de los niños a los MCM.

Por otra parte, aunque los comunicadores, los profesores y los organismos públicos, a veces tienen una idea concreta de los espacios y de los contenidos destinados a los mismos, la intervención exclusiva sobre esos contextos y esos productos infantiles es muy insuficiente. En los niños influye el conjunto de la producción mediada, incluida la que se tendría por más específica de los adultos. Es evidente la imposibilidad de ejercer una acción que preserve a los niños de los efectos indeseables, actuando solamente sobre el material que les está destinado.

En todo caso hay acciones que sería necesario realizar para evitar algunas consecuencias disfuncionales que están bien comprobadas. Por ejemplo, la difusión del prejuicio a la asimilación acústica de la información por parte de los pequeños no podrán ser efectivas exclusivamente con las intervenciones que están al alcance de los poderes públicos, de los educadores y de la familia; ni cada instancia, por ser parte, ni todas ellas en su conjunto. La producción y el consumo de materiales audiovisuales está ya irreversiblemente integrado con la organización económica y cotidiana de la sociedad y sería muy ingenuo suponer que se podrían excluir las consecuencias cuando no se está en condiciones de transformar radicalmente las causas.

Finalmente, conviene dejar constancia en esta reflexión de que en estos momentos se está produciendo una transformación importante, todavía en curso, en el uso de los MCM. Este cambio tiene que ver con la progresiva integración entre los sistemas icónicos, acústicos, informacionales, cuyo resultado previsible sería una redifinición de las actividades lúdicas, educativas, productivas que va a afectar a las formas de vida y a la división de tareas que actualmente existe, tanto en el hogar como en la escuela y en el centro de trabajo. En consecuencia, muchas de las respuestas que derivan de una época preocupada, sobre todo por la influencia de la TV entre los pequeños, van a tener que ser revisadas, a medida que se vaya generalizando transformaciones tales como el recurso al ordenador para jugar, aprender y comunicarse.

B) Manifiesto sobre la infancia y los medios de comunicación audiovisual.

Los medios audiovisuales son en la actualidad instrumentos esenciales en la información y formación de niños y jóvenes. Proporcionan nuevas oportunidades para el aprendizaje; desarrollan nuevos lenguajes; y pueden potenciar nuevos modos de relación social. De aquí que sea cada vez más necesaria una toma de conciencia individual y colectiva sobre sus funciones, efectos y potencialidades, y que comunicadores , educadores padres y ciudadanos en general se responsabilicen activamente para adecuar su uso a los fines generales de la sociedad.

En este sentido, el presente documento quiere contribuir a la responsabilización general, recogiendo algunas de las preocupaciones y aspiraciones que en estos momentos resultan fundamentales, sin por ello olvidar las importantes aportaciones positivas que los medios audiovisuales tienen y pueden tener en los procesos de socialización, especialmente si se desarrollan con ellos actitudes activas, lúdicas y creativas.

1. Los MCA deben orientarse en general, pero especialmente en relación con niños y jóvenes, hacia la construcción de una cultura democrática en la que se promuevan los Derechos Humanos y los acuerdos contenidos en la Convención sobre Derechos de la Infancia de las Naciones Unidas.

2. Los niños y jóvenes tienen derecho a disponer de su propio espacio en los MCA de forma participativa y creativa. Los Medios de Comunicación Audiovisual deben informar sobre el mundo de los niños y jóvenes con veracidad y honestidad. Huyendo tanto del idealismo paternalista como de los estereotipos apocalípticos. Para ello es fundamental potenciar la libre expresión de los jóvenes y el respeto a sus puntos de vista. Y también, cuidar de que los medios promuevan los auténticos intereses de niños y jóvenes, su creatividad y su afán exploratorio y crítico.

3. En función de la sensibilidad y conciencia de los niños y jóvenes, corresponde a los comunicadores la responsabilidad sobre los contenidos, los efectos y las consecuencias de la totalidad de los mensajes que emiten, y no sólo sobre los infantiles y juveniles.

4.- La responsabilidad social sobre los mensajes debe ser especial en el sector público de la comunicación, que tiene que dedicar inversiones y energías suficientes para cumplir adecuadamente su función. Pero, de ningún modo, esa responsabilidad puede ser evadida por los medios de titularidad privada. Corresponde a los poderes públicos la adecuada regulación de las condiciones en que debe ser reclamada dicha responsabilidad, y a los ciudadanos en general la participación activa en su control y seguimiento.

5. Los padres y las familias en general deben intervenir activamente tanto en el sistema de medios como en el uso que sus niños y jóvenes hagan de los mismos, desterrando actitudes de abandono o tolerancia pasiva, Sólo así se asegurará la integración de los medios en un proyecto educativo más amplio.

6. A los educadores, en cooperación con los comunicadores, les corresponde poner en marcha un sistema activo que se oriente a realizar las siguientes tareas ineludibles en relación con los MCA:

-La formación de una conciencia lúcida y crítica ante los medios audiovisuales que permita el mejor aprovechamiento de sus posibilidades y convierta a niños y jóvenes en usuarios activos y conscientes de los medios, comprendiendo sus códigos y lenguajes.

-La educación para el consumo razonable de bienes y servicios que compense el flujo de mensajes comerciales que inducen al consumismo y a la pasividad.

-La capacitación de niños y jóvenes para el uso de los medios audiovisuales en el ejercicio de la libre expresión y creación.

7. A los responsables políticos les corresponde fomentar el contacto entre el sistema educativo y el sistema de los medios de comunicación audiovisuales como complemento necesario de una formación cívica adecuada.

8. A las asociaciones ciudadanas corresponde la defensa de los derechos de niños y jóvenes como usuarios y consumidores de los medios de comunicación audiovisuales.

9. A los investigadores les corresponde la responsabilidad de aumentar el conocimiento sobre los medios de comunicación audiovisuales y la exploración y creación de nuevos mensajes, usos y tecnologías.

10. Todas estas propuestas se enmarcan en la tarea general de mejora de la calidad de los mensajes audiovisuales, del sistema de medios en general y de sus usos sociales. En el supuesto de que haciéndolo así se contribuye al enriquecimiento de la dignidad individual de niños y jóvenes y de las formas de convivencia humana.

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